
Pensar. Revolver las entrañas y buscar el límite más agudo de las cosas. El porqué de lo que nos pasaba y el cómo podemos cambiarlo. Con imaginación siempre, con ilusión, sin temor ni dudas.
Hablar. Comenzamos a imaginar colectivamente, explorando en la conversación el sentido dialéctico de las palabras. De nuestras palabras.
Hacer. La acción apareció porque algo nos molestaba, porque vimos que los poderosos también sucumben y aprendimos que las prácticas son imposibles de disociar de lo ideológico.
Esto recién comienza. Seguiremos pensando, discutiendo y haciendo, porque ahora sabemos que la transformación es posible.
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